Cuando los componentes de Fuel Fandango finalizaron la exitosa gira de su anterior disco, Aurora, sintieron un vacío difícil de explicar. Seguramente necesitaban silencio, ir despacio, el bosque, curar la grieta, parar la ciudad, visitar lugares físicos y emocionales, reconciliarse con el mundo.

Cristina Manjón, Nita, como en otras ocasiones, decidió hacer la maleta, emprender distintos viajes, como a Cuba, sumergirse en otras culturas, en libros del realismo mágico, esos rincones que tanto inspiran y respiran sus letras.

Por su parte, Ale Acosta, emprendió los suyos: en busca de nuevas sonoridades que fueran capaces de sobreponerse al mundanal ruido. Escuchar para escucharse. La búsqueda personal como remedio colectivo. Investigar, curiosear, prueba y error para el acierto. Vivir y contarlo, la vida hecha canción.

De estas nuevas experiencias conjuntas, de la investigación, de la interacción atenta con el otro, lo aprendido a lo largo de los años, de las emociones, nace su trabajo más ambicioso y redondo. Un cuarto álbum de estudio, íntegramente en castellano, donde demuestran que el contacto con la tierra, la consolidación del “yo” interior, la belleza o la música pueden ser el mejor antídoto contra la agresividad de la actualidad.

Su propuesta está impecablemente vestida en unos temas que tienen como esqueleto la percusión africana, la guitarra española, el cajón flamenco y la música urbana. Letras y melodías muestran que el futuro también es pasado, que tal vez a la modernidad solo se sobrevive volviendo al origen.