En el vocabulario marítimo, la estiba es el conjunto de la carga en cada bodega u otro espacio de un buque. Esa carga de la que se libera el artista granadino Javier Bolívar cobra la forma de nuevas canciones que publica bajo el nombre de Niños Luchando, un proyecto surgido durante el confinamiento con el que regresa seis años después de la disolución de Aurora, su anterior grupo.

Lo hace acompañado por Julio Bolívar y Carlos Marqués, recuperando elementos del pop minimalista que les dio a conocer en sus primeros discos. El primero de ellos (Géminis, 2013), producido por Banin de Los Planetas, les llevó a telonear a Tame Impala. Con el segundo (Sílice, 2014) exploraron nuevos terrenos que les abrieron las puertas de México y Colombia, a lo largo de una gira que les hizo replantearse su lugar en la música.

Diario de inmersión parte I (2021), el primer EP de Niños Luchando, coproducido en colaboración con Jaime Beltrán, supone una continuación y a la vez un nuevo punto de partida. Es la primera entrega de un díptico unido por un fino hilo conductor. Con el mar como elemento omnipresente en las letras, estas canciones suponen un descenso introspectivo y un intento de cerrar viejas heridas.